1. Para qué sirve el sudor que sale por todo el cuerpo
Cuando tu cuerpo se calienta, las glándulas sudoríparas llamadas ecrinas mandan sudor a la superficie de la piel. Allí el sudor se evapora y, al hacerlo, se lleva calor y baja tu temperatura. Por eso Cleveland Clinic, un centro médico de Estados Unidos, las describe como el «aire acondicionado» natural del cuerpo [2].
Casi todas las glándulas sudoríparas que tienes son de este tipo: se calcula que hay entre 2 y 4 millones, con mucha variación de una persona a otra [2]. Hay otro tipo, las apocrinas, que producen un sudor más espeso y empiezan a funcionar en la pubertad, pero quien hace casi todo el trabajo de enfriar son las ecrinas [2].
Hasta aquí es lo que se enseña en clase. La sorpresa está en dónde se acumulan estas glándulas.
2. Por qué las palmas sudan por nervios y no por calor
Las glándulas ecrinas no están repartidas por igual. Donde más juntas están es en las palmas de las manos y en las plantas de los pies: unas 250 a 500 por centímetro cuadrado [2].
Sin embargo, el sudor de esas zonas no se comporta como el del resto del cuerpo. Un artículo científico de 1975 lo resume así: las personas sudan en las palmas y las plantas de los pies como respuesta al estrés y al ejercicio, pero no como respuesta al calor [1]. Eso encaja con lo que notas: las manos húmedas aparecen antes de un examen, no en un día caluroso sentado a la sombra.
Entonces, si no sirve para enfriar, ¿para qué está ahí? Los autores de ese artículo reunieron tres ideas que se habían propuesto: que el sudor aumenta la fricción entre la piel y lo que tocamos, que vuelve la piel más resistente o que mejora la sensibilidad del tacto [1]. Ellos decidieron poner a prueba la primera, y no lo hicieron con personas, sino con otros mamíferos.
3. El experimento de 1975: bloquear el sudor de las patas de ratas y perros
Muchos mamíferos tienen glándulas sudoríparas en las almohadillas de las patas. El equipo de Adelman, Taylor y Heglund estudió cuatro de ellos: la rata, el tenrec (un pequeño mamífero de Madagascar), el damán (un pequeño mamífero herbívoro de África y Oriente Próximo) y el perro. Según el resumen del estudio, los cuatro sudan por las patas mientras corren [1].
Después bloquearon ese sudor con un medicamento llamado atropina y midieron cuánto agarraban las patas sobre una cinta de correr inclinada. Sin sudor, el coeficiente de fricción estática, que es la medida de cuánto «se pega» una superficie antes de empezar a resbalar, bajó de forma muy marcada. En cambio, el conejo, que no tiene glándulas sudoríparas en las patas, no cambió con el mismo tratamiento [1].
Los investigadores concluyeron que este sudor ayuda a evitar resbalones al correr. También sugirieron que podría servir para preparar al animal a huir en situaciones de estrés [1]. Esa idea explicaría por qué ocurre justo cuando hay tensión. Sin embargo, la propusieron los autores; el experimento no la demostró directamente.
Un detalle importante: fue un estudio con animales. No sirve, por sí solo, para afirmar que en las personas pase lo mismo.
4. ¿Agarramos mejor con las manos un poco húmedas? El experimento de 1997 con personas
Años después, un equipo de la Universidad de Montreal hizo la prueba con personas. Participaron ocho voluntarios (cinco hombres y tres mujeres), que sostenían un objeto entre el pulgar y el índice. Las superficies del objeto eran de plástico liso o con relieve. Para reducir el sudor de las palmas se usó escopolamina, un medicamento que se aplica como parche [3].
Con menos sudor, la fricción de la piel bajó de forma significativa sobre la superficie lisa y sobre la de relieve de 2 mm. Con la superficie de relieve de 3 mm, la fricción no cambió. Además, los voluntarios aumentaron la fuerza con la que apretaban el objeto, algo que los autores interpretan como una compensación porque la piel se había vuelto más resbaladiza [3].
Dicho de otro modo: una cantidad moderada de humedad parece ayudar a que los dedos no se escapen. Pero ojo: eso no significa que «cuanto más sudor, mejor agarre». Con exceso de sudor, un objeto también puede resbalar. Y con solo ocho personas y tres superficies, el estudio es pequeño, así que conviene verlo como una pista y no como una regla.
Nota de seguridad: esos medicamentos se usaron bajo control de investigadores. No hace falta (ni conviene) probar nada parecido en casa. Si sientes que sudas tanto de las manos que te molesta en la vida diaria, cuéntaselo a una persona adulta de confianza o a un profesional de la salud: es algo que le pasa a mucha gente y tiene ayuda.
5. ¿Sudar nos ayudó a correr largas distancias? Una hipótesis todavía en discusión
Volvamos al sudor que enfría, porque la ciencia también se pregunta por qué lo tenemos en tan gran cantidad. Daniel Lieberman, profesor de antropología de la Universidad de Harvard, explica que las personas tenemos poco vello y sudamos mucho, y que al correr respiramos por la boca, lo que también ayuda a soltar calor. Muchos animales se enfrían sobre todo jadeando, pero no pueden jadear mientras galopan, así que tienen que frenar para refrescarse [4].
Lieberman planteó en esa charla que la mayoría de los animales se sobrecalentarían tras correr unos 10 a 15 kilómetros, y los humanos antiguos pudieron aprovechar esa diferencia persiguiendo presas bajo el calor del día [4]. En 2004, Bramble y Lieberman publicaron en la revista Nature un artículo cuyo resumen propone que los humanos son muy buenos corriendo largas distancias y que esa capacidad habría surgido en el género Homo, hace unos 2 millones de años, y podría haber influido en la forma de nuestro cuerpo [5].
Es una hipótesis de un grupo de investigación, no una verdad cerrada. Y aquí conviene ser cuidadosos: de esa publicación solo pude leer una parte del resumen, así que la relación concreta entre el sudor y la carrera la recoge la explicación de Harvard, no la he comprobado en el artículo completo.
6. Cómo observar el sudor de tus manos y qué leer después
Puedes hacer una observación sencilla. Pasa las hojas de un cuaderno o de un libro con las manos bien secas. Luego hazlo con las manos apenas húmedas (sin mojarlas del todo). ¿Notas diferencia al agarrar la hoja? Las sensaciones cambian mucho de una persona a otra, así que esto no demuestra nada, pero es una forma de plantear la pregunta.
Otra idea: hoy, durante el día, anota en qué momentos se te humedecieron las palmas. ¿Fue cuando hacía calor o cuando estabas nervioso o emocionado? Puede que veas el patrón del que hablaban los investigadores.
Si quieres ir a las fuentes, los resúmenes de los tres artículos científicos (el de 1975 sobre patas y palmas, el de 1997 sobre escopolamina y el de 2004 sobre la carrera de resistencia) están en inglés y se pueden leer gratis en la base de datos PubMed.