1. Una marca con número: cómo funciona el marcado de peces
La marca más común es una cinta fina de plástico, de las que se conocen como «convencionales» (también se llaman «espagueti» o «streamer»). Se sujeta al cuerpo del pez y lleva un número de serie y una dirección donde avisar si alguien la encuentra[3]. Quien la ve en un pez capturado puede comunicar el número, el lugar y la fecha. Con ese número los científicos buscan en sus registros cuándo y dónde se soltó ese pez.
No es una idea nueva ni rara. El Programa Cooperativo de Marcado de la agencia estadounidense NOAA, por ejemplo, empezó en 1954, y desde entonces pescadores deportivos y profesionales han colocado más de 270.000 marcas en más de 70 especies[2]. Cuando alguien devuelve el dato de una recaptura, los científicos aprenden por dónde se mueven los peces, en qué épocas y, a veces, cuánto viven[2].
Vamos a ver qué da de sí este método con un ejemplo concreto.
2. Nueve peces soltados en Japón: seis volvieron a aparecer
El pez de nuestro ejemplo se llama buri en Japón, un pez marino grande y muy apreciado en la cocina japonesa. El 28 de febrero de 2011, investigadores soltaron nueve ejemplares frente a Muroto, en la isla de Shikoku, en el sur de Japón. Medían entre 79 y 88 cm de longitud (medida desde la punta del hocico hasta la muesca de la cola). Cada pez llevaba dos marcas en forma de punta de flecha en el lomo y, además, un aparato electrónico con un sensor que sobresalía por el vientre[1].
Hasta marzo de 2014, seis de los nueve fueron recapturados. En la tabla, «red fija» es una red que los pescadores dejan colocada en un lugar de la costa[1].
| Días desde la suelta | Dónde se recapturó |
|---|---|
| 354 | Owase (prefectura de Mie), red fija |
| 356 | Muroto (Kochi), red fija: casi donde se soltó |
| 417 | Tosashimizu (Kochi), red fija |
| 466 | Ito (Shizuoka), red fija |
| 822 | Isla de Shikinejima (archipiélago de Izu, Tokio), con caña |
| 1.097 | Nachikatsuura (Wakayama), red fija |
El último pez apareció tres años después de la suelta. Medía 79 cm al soltarlo y 90,1 cm al recapturarlo[1]. Así que una recaptura cuenta dos cosas: adónde fue el pez y cuánto creció.
3. Lo que la recaptura no dice: el camino entre la suelta y el hallazgo
Mira la tabla otra vez. Todos salieron del mismo punto y reaparecieron muy lejos unos de otros: hacia el este hasta Ito y la isla de Shikinejima, hacia el oeste hasta Tosashimizu, y hacia el noreste hasta Owase y Nachikatsuura[1]. La página de los investigadores solo da esos dos puntos para cada pez. De cómo viajó entre uno y otro no dice nada, y tampoco da cifras de distancia. Con solo seis peces, además, no se puede decir cuál de esos rumbos es el más habitual.
Para llenar el hueco entre los dos puntos existen las marcas electrónicas. ICCAT, la comisión internacional que coordina el estudio de los atunes del Atlántico, distingue tres tipos. Las convencionales llevan número y dirección. Las de archivo se colocan dentro del cuerpo y guardan datos para leerlos después. Y las «pop-up» van por fuera y, pasado un tiempo programado, se sueltan del pez y mandan la información por satélite[3]. Las de archivo tienen una condición importante: el pez tiene que ser recapturado y el aparato devuelto, porque si no, nadie puede leer lo que grabó.
En 2004 y 2005, en lo que los investigadores presentan como la primera vez que se hacía con este pez en el lado del Pacífico, se colocaron aparatos de archivo a 32 peces adultos capturados en el norte del mar de Kumano-nada, que registraban cada minuto la temperatura, la profundidad y la luz. Se recuperaron 25 de los 32[4]. La luz sirve para estimar dónde estaba el pez, y las estimaciones situaron sus viajes desde los alrededores de la península de Izu hasta los de Shikoku; algunos pudieron llegar hasta el mar al sur de Kagoshima[4]. Conviene notar la palabra «estimar»: el aparato no mide la posición, la posición se deduce de los datos. Esas mismas grabaciones mostraron que los adultos suelen sumergirse de día y subir de noche, que nadan más hondo en otoño y que hacen inmersiones bruscas hacia abril y mayo, la época de puesta de huevos[4].
4. Por qué no vuelven todos los peces marcados
De los nueve peces de 2011, tres no habían reaparecido en marzo de 2014[1]. Las fuentes que leí no dicen por qué. Pueden haberse ido a zonas donde nadie pesca, haber muerto o haber sido capturados sin que nadie avisara; no hay forma de distinguir entre esas posibilidades con estos datos. De esto se desprende algo que es una deducción mía, no una afirmación de las fuentes: los lugares de recaptura muestran dónde se pescó el pez y alguien lo comunicó, no necesariamente todos los sitios donde estuvo.
Por eso los programas de marcado dependen tanto de quien encuentra la marca. ICCAT lo dice claramente: es esencial conseguir la cooperación de pescadores deportivos y de la industria para recuperar las marcas, y las agencias pagan recompensas; ICCAT hace además un sorteo anual con premios de 500 euros[3].
5. Qué datos se piden a quien encuentra un pez marcado
Los programas piden lo mismo en todas partes, más o menos: el número de la marca, la fecha, el lugar lo más exacto posible, y la longitud y el peso del pez[2]. En el programa japonés que usamos de ejemplo se pide, además, el arte de pesca, y que no se corte el cable del aparato electrónico[5]. Esos datos son los que convierten una marca perdida en un punto más del mapa.
6. Para comprobarlo tú mismo: une los puntos en un mapa
Toma un mapa de Japón (en papel o en pantalla), marca Muroto y los otros cinco lugares de la tabla, y traza una línea desde Muroto hasta cada uno. Verás qué zona cubren las reapariciones. Luego pregúntate qué línea podría haber seguido cada pez, y cuántos caminos distintos caben entre dos mismos puntos. Esa es exactamente la pregunta que las marcas electrónicas intentan contestar.
Si quieres seguir investigando, las páginas de ICCAT y de NOAA sobre marcado explican cómo se comunica una marca encontrada. Si algún día ves una marca en un pez, no la arranques ni la tires: apunta el número y el lugar y avisa a la dirección que lleve.