1. En los textos más antiguos, la tortuga es pescada y se convierte en una mujer
Los relatos más antiguos que se conservan aparecen en textos de Japón compilados a comienzos del siglo VIII. La crónica Nihon Shoki, por ejemplo, incluye una entrada fechada en el año 478 que cuenta que un joven llamado Urashimako pesca una tortuga. La tortuga se transforma en mujer, y los dos se van mar adentro hacia una montaña de inmortales, Hōrai[1].
En el Tango fudoki, la tortuga es de cinco colores. Tras pescarla, el joven se duerme, y la tortuga se transforma en mujer. Después de tres años en su mundo, él quiere volver a casa y recibe una cajita preciosa. Al volver, los suyos ya no están: han pasado más de 300 años[1]. Una enciclopedia de arte japonés de la Universidad de Columbia sitúa este texto en el año 713[2]; Wikipedia lo sitúa poco después de 715[1]. Digamos, entonces, «a comienzos del siglo VIII».
También hay un poema del Man'yōshū, la gran antología de poesía japonesa antigua. Ahí la esposa de Urashimako es hija del dios del mar[1].
Fíjate en lo que tienen en común: nadie salva a la tortuga. Es ella quien, convertida en mujer, lleva al pescador al otro mundo.
2. En la época Muromachi aparece la tortuga salvada y el palacio del dragón
En el período Muromachi (1336–1573) circuló una versión en forma de cuento ilustrado, llamada otogi-zōshi. Hay más de cincuenta copias, y varían bastante entre sí. En la versión más conocida, Urashima pesca una tortuga y la suelta. Más tarde llega una mujer en un bote, que resulta ser la tortuga, y lo lleva al palacio del dragón, donde los jardines tienen las cuatro estaciones al mismo tiempo[1].
Aquí la tortuga ya es alguien a quien se hizo un favor y que lo devuelve. Pero todavía no hay niños que la molesten, ni Urashima viaja sobre su espalda.
3. Montar sobre la tortuga es una imagen tardía
Los dibujos de Urashima montado sobre la tortuga son bastante recientes. Wikipedia, citando a un especialista, los sitúa a comienzos del siglo XVIII; en versiones más antiguas, él viajaba en un bote[1]. Es una sola fuente y no pudimos contrastarla con otra, así que lo más honesto es decir «hacia el siglo XVIII» y no dar un año.
4. En la era Meiji, el cuento para niños fijó la escena de los niños y la tortuga
Entre 1894 y 1896, el escritor Iwaya Sazanami publicó una serie de 24 libros de cuentos populares para niños, Nihon mukashibanashi («Cuentos antiguos de Japón»), según la Biblioteca Nacional de la Dieta de Japón[3]. Su versión de Urashima, más corta y pensada para lectores jóvenes, es la que sirvió de base a la historia que se conoce hoy; Wikipedia dice que la versión actual sigue su relato, y que una versión condensada pasó a los libros de lectura de la escuela primaria[1]. Un sitio japonés de reseñas de libros añade que la escena de los niños maltratando a la tortuga no aparece en el otogi-zōshi original, y que el cuento se difundió gracias a los textos escolares del Estado[4].
La canción escolar «Urashima Tarō» de 1911 también forma parte de esta historia[1]. No pudimos comprobar en una fuente primaria cuál fue exactamente la primera obra que puso la escena de los niños; por eso decimos que se «fijó en esa época» y no que «la inventó» una persona.
5. Hasta el final del cuento cambia: los años y el destino de la tortuga
Las diferencias no se acaban en el comienzo. Cuando Urashima abre la caja, en la versión otogi-zōshi se vuelve anciano y luego se transforma en grulla; su esposa vuelve a ser tortuga, y ambos son venerados como divinidades[1]. Los años que pasaron fuera tampoco coinciden: más de 300 en el Tango fudoki, 700 en una versión del otogi-zōshi y 400 en una traducción inglesa del siglo XIX[1]. Ninguna cifra es «la correcta»: cada época contó el cuento a su manera.
6. Para comprobarlo tú mismo: compara dos libros ilustrados
Si encuentras en una biblioteca dos versiones de Urashima Tarō (o de otros cuentos tradicionales), prueba a anotar en cada una: ¿la tortuga es pescada, salvada o comprada? ¿Hay niños que la molestan? ¿Urashima viaja montado en ella? ¿Qué pasa con la tortuga al final? Verás cuántas versiones distintas puede tener un mismo cuento. Y quizá te hagas la misma pregunta sobre un cuento tradicional de tu región: ¿cuánto de lo que «siempre se contó así» lo fijó, en realidad, un libro de lectura?