1. En Venus el Sol sale por el oeste y el día dura unos 117 días terrestres
Venus tarda unos 243 días terrestres en dar una vuelta completa sobre sí mismo, y su giro es retrógrado, es decir, al revés que el de la Tierra. Por eso, visto desde el suelo, el Sol sale por el oeste y se pone por el este[1]. Curiosamente, la vuelta sobre su eje dura más que su año: Venus recorre su órbita alrededor del Sol en unos 225 días terrestres[1].
Entonces, ¿un amanecer al siguiente son 243 días? No. Como el planeta gira en sentido contrario al de su órbita, el Sol vuelve a su posición antes de lo que tardaría si Venus girara en el mismo sentido. Un cálculo aproximado, con periodos medios, lo confirma: cada día terrestre, el Sol parece avanzar 1/243 de vuelta por la rotación y 1/225 por el movimiento orbital, y en este caso las dos cantidades se suman. Con los valores más precisos, 243,0 y 224,7 días, sale 1/243,0 + 1/224,7 ≈ 0,00857 vueltas por día, y su inverso es unos 117 días[2]. En los 225 días de un año de Venus pasan solo unos 1,9 intervalos entre amaneceres.
Eso plantea la pregunta de este artículo: ¿por qué gira Venus al revés? La respuesta corta es que hay dos explicaciones posibles, ambas con cálculos serios detrás, y todavía no se ha podido elegir entre ellas. Antes, conviene saber cómo se descubrió un giro que no se ve a simple vista.
2. Cómo se descubrió que Venus gira al revés si sus nubes tapan el suelo
Venus está cubierto por nubes espesas que impiden ver la superficie con luz visible, así que durante siglos se discutió cuánto tardaba en girar. La clave llegó con el radar: las observaciones con radar realizadas en 1962 revelaron que Venus gira en sentido retrógrado con un periodo de 243,0 días, algo que sorprendió a los astrónomos[2].
Las nubes, en cambio, se mueven mucho más deprisa que el suelo. En la altura de las nubes, la atmósfera gira, según la nota de prensa de la Universidad de Hokkaido, unas 60 veces más rápido que el planeta, en el mismo sentido en que Venus orbita el Sol, y da una vuelta completa en unos cuatro días terrestres[6]. Este fenómeno se llama superrotación. Si divides 243 entre 60, sale algo más de cuatro días, justo lo que dicen las observaciones.
La sonda japonesa Akatsuki, que orbita Venus desde diciembre de 2015, permitió seguir las nubes con cámaras ultravioleta e infrarrojas. Con ellas, un equipo de la Universidad de Hokkaido concluyó en 2020 que las mareas térmicas de la atmósfera, ondas causadas por el calentamiento del lado diurno y el enfriamiento del nocturno, ayudan a mantener esa rotación rápida cerca de la cima de las nubes[6]. Esto explica por qué el aire de arriba va tan rápido, no por qué el suelo gira al revés. Pero el mismo tipo de ondas, las mareas térmicas, aparece en la primera hipótesis sobre el giro inverso.
3. Primera hipótesis: una atmósfera gruesa y las mareas del Sol le dieron la vuelta
En 2001, los investigadores Alexandre Correia y Jacques Laskar publicaron en la revista Nature un estudio sobre cómo han podido evolucionar los giros de planetas rocosos con atmósfera densa[3]. La idea se apoya en dos efectos de marea que tiran en sentidos opuestos[2]:
- La atmósfera, calentada por el Sol durante el día, se desplaza y produce una fuerza que puede acelerar el giro.
- La marea que el Sol provoca en la parte sólida del planeta genera rozamiento interno, que frena el giro.
Con una atmósfera tan densa como la de Venus, el equilibrio de esos dos efectos hace inestable el estado en que el planeta mostraría siempre la misma cara al Sol. A eso se suman las pequeñas perturbaciones de los otros planetas, que hacen cambiar la inclinación del eje de forma caótica[2].
Hay dos caminos que llevan al Venus de hoy[2]. En el primero, el planeta gira cada vez más despacio, se detiene y vuelve a girar en sentido contrario. En el segundo, el eje se va inclinando hasta quedar casi boca abajo, cerca de 180 grados. En ambos casos el resultado se parece mucho al Venus actual, y el resumen del artículo indica que muchas condiciones iniciales posibles acaban allí[3]. Según Laskar, no hace falta suponer un choque fuerte[2].
Ahora bien, esto demuestra que la evolución puede ocurrir así, no que haya ocurrido. Nadie vio cómo giraba Venus hace miles de millones de años. Además, conviene decir que aquí solo se ha podido leer el resumen del artículo y la explicación de uno de sus autores, porque el texto completo es de pago. Existe otra posibilidad que parte de un acontecimiento muy distinto.
4. Segunda hipótesis: un choque gigante cambió el giro de Venus
La segunda hipótesis imagina que, al principio de su historia, un cuerpo grande chocó contra Venus y modificó su rotación. Un equipo de investigadores ha simulado mediante modelos numéricos una gran variedad de choques. Los cuerpos proyectil tenían entre 0,01 y 0,1 veces la masa de la Tierra y chocaban a entre 10 y 15 kilómetros por segundo. Se probaron choques de frente contra un Venus que no giraba y choques oblicuos, de rozamiento, contra un Venus que ya giraba, con proyectiles de tamaño parecido al de Marte[4].
Según el resumen del estudio, en las simulaciones muchos de esos escenarios dejan a Venus con una rotación parecida a la actual. Además, los choques que lo consiguen producen un disco de escombros muy pequeño alrededor del planeta, que probablemente volvería a caer sobre él. Eso encaja con otra rareza: Venus no tiene luna[4]. Un resumen presentado en 2026 en la asamblea de la Unión Europea de Geociencias (EGU) por parte del mismo grupo llega a una conclusión similar, y selecciona esos casos para estudiar cómo cambiaría después el interior del planeta[5].
Es importante no pasarse. Los autores no dicen que el choque ocurrió, sino que un choque puede ser compatible con la rotación actual y con la ausencia de luna[4]. Además, el resumen de la EGU es una comunicación de congreso, no un artículo ya revisado por otros especialistas. La situación recuerda a la de la primera hipótesis: se muestra que algo es posible, no que sucedió.
5. ¿En qué se diferencian las dos hipótesis y qué falta para elegir una?
La diferencia está en el punto de partida. La hipótesis de las mareas parte de un Venus sin ningún golpe especial, donde la atmósfera, el Sol y el caos orbital bastan para llegar al estado actual[2]. La del choque necesita que algo grande impactara contra Venus en su juventud[4]. En las fuentes consultadas aquí no aparece ninguna prueba que permita elegir entre las dos. Por ahora, no sabemos cuál explica mejor el giro de Venus.
Hay otro detalle que muestra que aún falta mucho por medir. En 2021, un equipo dirigido por Jean-Luc Margot midió con radar, durante 2006 a 2020, que el día sideral de Venus dura 243,0226 días con una incertidumbre de 0,0013 días, y que ese valor varía unos 20 minutos de un momento a otro. Los autores atribuyen esa variación a la atmósfera, que intercambia momento angular con el suelo[7]. Dicho de otro modo, la atmósfera de Venus es un actor activo ahora mismo, no solo en la historia lejana. Se me ocurre que ese vínculo entre aire y suelo podría ser una pista para futuros estudios, pero eso es una sospecha mía, no una conclusión de las fuentes.
6. Comprueba tú mismo cuánto dura un día en Venus
Con una calculadora puedes repetir el cálculo del apartado 1. Calcula 1 ÷ 243,0 y 1 ÷ 224,7, suma los dos resultados y después calcula el inverso de esa suma: debería salir cerca de 117. Luego abre un calendario y cuenta 117 días hacia delante a partir de hoy, para hacerte una idea de lo que sería esperar un solo amanecer. Si quieres comprobar qué pasaría con un planeta que gira en el mismo sentido en que orbita, prueba a restar en lugar de sumar y compara el resultado.
Si quieres saber más, lee los resúmenes de los estudios citados en la sección de fuentes. Y piensa: ¿qué tipo de pruebas ayudarían a comprobar cada hipótesis, por ejemplo señales de un choque antiguo o señales de cómo la atmósfera pudo influir en el giro del planeta?