¿Qué pasa bajo un volcán para que el terreno se hunda?
Debajo de muchos volcanes hay una cámara magmática: una gran reserva de roca fundida. Si una erupción saca una parte enorme de ese magma en poco tiempo, la cámara queda parcialmente vacía y su techo se queda sin apoyo. Entonces el terreno de arriba cae hacia el hueco[2][1]. Una forma de imaginarlo: es como si sacaras casi todo el relleno de un colchón inflable bajo una alfombra pesada; la alfombra se hunde. (Es solo una imagen: el «relleno» aquí es roca fundida, no aire.)
Ese hundimiento no es un salto limpio. En 2018, durante una gran erupción del volcán Kīlauea (Hawái), parte del magma salió de su reserva y la cima se hundió más de 500 metros en unos tres meses, en varios hundimientos, separados por descensos más lentos[2]. Así que, en algunos casos, los vulcanólogos han podido ver una caldera formarse casi en directo.
¿En qué se diferencia una caldera de un cráter?
El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) distingue los dos por origen y por tamaño. Un cráter es una depresión cerrada que puede tener varios orígenes; un hundimiento pequeño, de unos cientos de metros, se llama cráter. Según el USGS, una caldera suele superar el kilómetro de ancho y se forma cuando el terreno se hunde tras el vaciado parcial de la cámara magmática principal. Los propios especialistas reconocen que la frontera de tamaño es imprecisa[2].
La palabra tiene historia: el geólogo alemán Leopold von Buch la introdujo en la geología después de visitar las islas Canarias en 1815, donde vio la caldera de Las Cañadas, en Tenerife, y la de Taburiente, en La Palma[1]. Es decir, una palabra del español de todos los días saltó a los libros de ciencia desde un paisaje de España.
¿Cómo se formó la caldera de Las Cañadas, en Tenerife?
Es una depresión elíptica de unos 16 × 9 km, y sobre su borde norte se levantan el Teide y el Pico Viejo. Durante años, los científicos discutieron dos explicaciones: un hundimiento clásico sobre la cámara magmática, o la cabecera de un enorme deslizamiento de tierra en un flanco del volcán, que dio origen al valle de Icod. En 2019, el investigador Joan Martí, del CSIC, revisó 55 estudios y concluyó que las dos ideas pueden ser ciertas a la vez: la caldera sería el resultado de varios episodios de colapso, ligados a grandes erupciones explosivas, que provocaron además deslizamientos gigantes[3].
Esto nos recuerda algo importante: una caldera es un resultado, y averiguar cómo se formó exige leer rocas, fechas y mediciones. Según el propio Martí, todavía se sabe poco sobre el origen de esos magmas y sobre cómo se produce el colapso en detalle[3]. Las Cañadas es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 2007, según esa misma nota[3].
¿Cómo se formó Crater Lake en la caldera del monte Mazama, en Oregón?
Hace unos 7700 años, el Monte Mazama, un volcán que medía unos 3700 m de altura, tuvo una serie rápida de erupciones explosivas. La ceniza llegó hasta el sur de Columbia Británica y Alberta, en Canadá. Al vaciarse el magma, la parte alta del volcán cayó hacia dentro y dejó una cuenca de unos 8 × 10 km en el borde y más de 1 km de profundidad[4][2].
Con el tiempo la cuenca se llenó de lluvia y nieve derretida, y hoy es Crater Lake, cuya parte más honda mide unos 590 m (1943 pies, según el servicio de parques)[4]. El nombre engaña: pese a «crater», lo que sostiene el lago es una caldera[2]. Y no es un volcán «muerto» sin más: una cúpula de lava se formó dentro hace unos 4800 años, y el servicio de parques lo considera inactivo, pero con posibilidad de volver a entrar en erupción[4].
¿Por qué la caldera de Aso, en Japón, tardó cuatro hundimientos en formarse?
En la isla japonesa de Kyūshū, la caldera de Aso mide unos 18 km de este a oeste y 25 km de norte a sur, y ocupa unos 380 km². Su fondo está a 400–500 m sobre el nivel del mar y sus paredes tienen entre 300 y 600 m de altura. En su interior hay pueblos y campos de cultivo[5]; una enciclopedia japonesa habla de unas 50 000 personas[6].
Aso no se hundió de una vez. Según los estudios geológicos japoneses, se produjeron cuatro grandes flujos piroclásticos (avalanchas de gas caliente, ceniza y piedra pómez que bajan a gran velocidad), ligados a los hundimientos sucesivos de la caldera. La enciclopedia los sitúa hace unos 270 000, 140 000, 120 000 y 90 000 años. El último, llamado Aso-4, dio a la caldera su forma actual[7][6]. La lección es la misma que en Tenerife: una caldera puede ser la suma de varios episodios, y no el resultado de uno solo.
¿Por qué unas calderas guardan un lago y otras, como Aso, no?
El Crater Lake conserva el agua porque su borde está cerrado casi por completo. En Aso, en cambio, la pared del lado oeste se interrumpe en un solo punto, el desfiladero de Tateno, y por ahí sale el agua del interior hacia el río Shirakawa y la ciudad de Kumamoto[5]. Por eso, dentro de Aso se ven pueblos y arrozales, y no un lago.
Además, en el fondo de la caldera hay unos 20 volcanes pequeños alineados, hechos de rocas de composición distinta; Aso sigue activo, y la erupción más antigua registrada es del año 553[7][6]. Después de hundirse, la caldera siguió construyendo volcanes nuevos dentro de sí misma.
¿Cómo puedes encontrar calderas tú mismo?
Abre un atlas o un mapa digital y busca depresiones grandes, casi redondas, rodeadas por un borde de montañas: algunas tienen un lago dentro, como el lago Atitlán en Guatemala o el de Ilopango en El Salvador, y otras tienen pueblos o bosques. Si ves un lago, mira si el borde está cerrado o si hay una salida para el agua, como en Aso. Ojo: no todas las depresiones con ese aspecto son calderas de hundimiento, y a veces ni los expertos se ponen de acuerdo, como pasó en Las Cañadas. Para confirmarlo, busca en la web de un servicio geológico o de una universidad qué dice la investigación sobre ese lugar. Si vives cerca de un volcán activo, sigue siempre las indicaciones de protección civil.