1. La respuesta corta: la flema es moco que se acumula en las vías respiratorias y sale al toser
Los bronquios y los pulmones están tapizados por una capa de moco. Cuando ese moco aumenta y la tos lo empuja hacia afuera, mezclado con células de las vías respiratorias y glóbulos blancos, lo llamamos flema o esputo [1].
Su color puede relacionarse con la cantidad de células defensivas y otros signos de inflamación, aunque las fuentes no explican exactamente qué lo produce. Los estudios indican que el color es una pista sobre la inflamación, pero que no basta para saber si hay bacterias. Las secciones siguientes explican cada paso.
2. Por qué tu cuerpo fabrica moco todos los días, aunque estés sano
Células especiales de los bronquios y pequeñas glándulas que hay bajo su superficie producen moco sin parar. Según la Clínica Universidad de Navarra, un adulto sano genera entre 10 y 100 mililitros al día, desde unas cucharadas hasta menos de medio vaso [1].
Ese moco atrapa lo que respiramos: polvo, polen, bacterias. Después, unos pelitos microscópicos que cubren las vías respiratorias, los cilios, se mueven de forma coordinada y lo empujan poco a poco hacia la garganta. Este «servicio de limpieza» se llama aclaramiento mucociliar [1].
Al llegar a la garganta, el moco se traga sin que te des cuenta, y por eso casi nunca ves flema cuando estás bien [1].
3. Cuándo ese moco se convierte en flema que se nota
Cuando algo irrita o inflama las vías respiratorias (una infección, una inflamación que dura mucho o el humo del tabaco), el moco aumenta y su composición cambia. Entonces ya no basta con tragarlo y la tos se encarga de expulsarlo [1].
Por eso la flema no es solo moco. Contiene también células del revestimiento de las vías respiratorias, glóbulos blancos y, a veces, microorganismos [1]. Y no es lo mismo que la saliva: la saliva viene de la boca, mientras que la flema se forma más abajo, en los bronquios y los pulmones [1].
Con esto ya se ve por qué el color importa tanto: depende de lo que se mezcla con el moco.
4. Qué mide el color de la flema: cuántas células defensivas hay
Un equipo de investigación estudió a personas con enfermedades crónicas de los bronquios (bronquitis crónica y bronquiectasias). Compararon el color de su flema, medido con una carta de nueve tonos, con sustancias que indican inflamación en la misma muestra. En ese grupo de pacientes, los colores más oscuros se asociaron con niveles más altos de mieloperoxidasa (una enzima de los neutrófilos, un tipo de glóbulo blanco) y de IL-8, una señal química de inflamación [2].
Es coherente con la explicación habitual: el color se oscurece cuando llegan muchas células defensivas. La nota de prudencia es que el estudio se hizo con pacientes crónicos; no se puede aplicar sin más a un catarro común. Qué sustancia exacta produce el color no lo explican las fuentes que pude leer.
5. Por qué una flema amarilla o verde no demuestra que haya bacterias
Aquí viene lo curioso. En una investigación alemana participaron 241 adultos con tos aguda que acudieron a 42 consultas de medicina general. En 105 muestras la flema era incolora, y solo en 6 (un 6 %) se encontraron bacterias en el cultivo. En 136 muestras era amarilla o verde, y en 22 (un 16 %) hubo bacterias [3].
Hay una diferencia, pero mira el otro lado: en cerca del 84 % de las muestras amarillas o verdes no se encontraron bacterias. Los autores concluyeron que, en personas sin enfermedad pulmonar crónica, el color por sí solo no justifica recetar antibióticos [3].
Una página de divulgación médica en español, que habla de la mucosidad en general, va en la misma línea: la mucosidad amarilla o verde puede deberse a una infección bacteriana, pero lo más habitual es que el causante sea un virus, y los antibióticos no actúan contra los virus. Además, el color puede cambiar por motivos que no son infecciones, como el polvo del aire o las alergias [4].
Las fuentes no coinciden del todo. El diccionario médico de la Clínica Universidad de Navarra dice que el tono amarillento o verdoso suele deberse a neutrófilos y restos de células y «sugiere infección bacteriana» [1]. Una posible forma de entender la diferencia (es una interpretación, no una frase de las fuentes): los neutrófilos también pueden acumularse en otras inflamaciones, así que el color intenso avisa de que hay inflamación, y saber si hay bacterias requiere un cultivo o el criterio de un médico.
6. Qué puedes hacer para seguir investigando la flema
Sin hacer ningún experimento: dibuja en una hoja el camino del aire, desde la nariz hasta los pulmones, y marca dónde hay moco y cilios. Verás mejor de qué parte del cuerpo hablan los textos.
Una pregunta abierta para comparar fuentes: si la flema amarilla puede deberse a un virus, ¿cómo decide un médico cuándo sí hace falta un antibiótico? Los artículos de las fuentes dan buenas pistas para empezar.
Si tienes tos o flema que no se van, o ves sangre en la flema, díselo a un adulto para que consulte a un médico. Este artículo explica lo que dicen los estudios; no es un consejo médico.