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¿Por qué soñamos?

Categoría: El cuerpo

¿Has visto alguna vez los párpados de una persona dormida? A ratos, bajo la piel, los ojos dan sacudidas rápidas, como si siguieran algo que nadie más ve.

Ese movimiento fue la pista con la que los sueños empezaron a estudiarse en un laboratorio. La pista llevó a algunas sorpresas y a una pregunta que sigue abierta: ¿para qué sirve soñar?

1. Cómo los movimientos oculares rápidos se ligaron a los sueños

En 1953, los investigadores Eugene Aserinsky y Nathaniel Kleitman describieron un tipo de movimiento ocular que aparece durante el sueño: rápido, a sacudidas, y igual en los dos ojos[1]. Lo registraron con electrodos pegados alrededor del ojo.

Entonces probaron una sospecha: que esos movimientos tuvieran que ver con soñar. Participaron 20 adultos sanos en distintas series de experimentos; en 14 experimentos con 10 de ellos, los despertaron y les preguntaron qué pasaba por su mente[1]. Mientras los ojos se movían, lo hicieron 27 veces, y 20 de esas veces la persona contó un sueño detallado, casi siempre con imágenes[1]. Son casi tres de cada cuatro (20 de 27, un 74 %). En las otras 7 no recordaron nada, o solo «la sensación de haber soñado» sin ningún detalle[1].

Luego vino la comparación. Después de entre media hora y tres horas sin movimientos oculares, en un momento de sueño de profundidad parecida según el electroencefalograma, los despertaron 23 veces. En 19 de ellas (un 83 %) no recordaban nada[1]. Los autores hicieron una prueba estadística (chi cuadrado), reconocieron que no era la más adecuada para estos datos y, aun así, el valor p salió menor que 0,01: recordar un sueño estaba claramente ligado a que hubiera movimientos oculares[1].

Con el tiempo, esa fase recibió su nombre: sueño de movimientos oculares rápidos, o fase REM, por sus siglas en inglés.

2. La fase REM y la no REM se repiten durante toda la noche

La fase REM no ocurre una sola vez. El Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos (NHLBI) explica que el ciclo del sueño empieza de nuevo cada 80 a 100 minutos, y que normalmente hay de cuatro a seis ciclos por noche[2]. Según la misma página, suele haber más fase REM hacia el final de la noche, y dice también que soñar ocurre normalmente durante esa fase[2].

Ten en cuenta que se trata de promedios: las personas y las noches varían, y por eso la página da un intervalo y no un número exacto.

Por eso, al preguntar a alguien por sus sueños, importa en qué momento de la noche se le despierta.

3. También se sueña en la fase no REM

Durante años, muchos investigadores trataron los informes de sueños que salían de las otras fases, las de «no REM», como errores: quizá la persona recordaba un sueño anterior, o inventaba al despertar. Así lo describe Tore Nielsen, de la Universidad de Montreal, en una revisión de 2000 que reúne decenas de estudios[3].

Sus promedios muestran la diferencia, y también su sorpresa. Al despertar a alguien en fase REM, contó algo en un 81,9 % de los casos (promedio de 29 estudios). Al despertarlo en fase no REM, en un 43,0 % (33 estudios), con mucha variación entre estudios[3]. La brecha existe, pero el 43 % deja claro que soñar sin REM es frecuente.

Lo más curioso está en el tiempo. En los 8 estudios anteriores a 1962, la fase no REM daba un 18,4 %. En los 25 posteriores, un 50,9 %[3]. ¿Cambió la gente? No. Nielsen explica que David Foulkes, en 1962, aplicó criterios más amplios: aceptó como respuesta cualquier actividad mental, y no solo «un sueño»[3]. Según cómo hagas la pregunta, cambia lo que encuentras. Por eso lo que Nielsen promedia es «actividad mental», una categoría más amplia que «sueño». Y sigue el debate sobre si lo que se vive en cada fase nace del mismo mecanismo o de dos distintos[3].

Un estudio de 2018 de Francesca Siclari, Giulio Tononi y colegas despertó a 14 voluntarios varias veces durante la noche. En 735 despertares en fase no REM, en el 33,5 % la persona contó un sueño. En el 38,6 % dijo que había soñado, pero que no podía recordar de qué. Solo en el 27,8 % dijo que no había experimentado nada[5]. Si sumas los dos primeros grupos, en algo más de siete de cada diez despertares hubo alguna experiencia, aunque a menudo el contenido se hubiera perdido.

De aquí sale una idea útil para la vida diaria: no recordar un sueño no significa que no haya habido sueño. Eso sí, estos números son de un laboratorio, con despertares provocados. No dicen cuántas noches «en casa» te pasa lo mismo.

El mismo grupo registró la actividad cerebral con muchos electrodos en la cabeza (electroencefalografía de alta densidad). En un estudio de 2017, tanto en fase REM como en no REM, cuando la persona contaba que había soñado se veía, en la parte trasera de la corteza cerebral, una disminución local de la actividad de baja frecuencia[4]. Según sus autores, observar esa zona podría ayudar a predecir si alguien está soñando en fase no REM[4]. Es decir, la pista quizá no sea en qué fase estás, sino qué zona del cerebro está activa.

4. ¿Para qué sirve soñar? Tres hipótesis y ninguna ganadora

Esta pregunta sigue abierta. Aquí van tres hipótesis publicadas en revistas científicas. Son ideas distintas y ninguna está demostrada.

  • Hipótesis 1: los sueños ensayan cómo enfrentar peligros. El investigador Antti Revonsuo propuso en 2000 que soñar sirve para simular situaciones amenazantes y ensayar cómo evitarlas. Su argumento es que el contenido de los sueños no es un puro azar: algunas cosas aparecen más y otras menos que en la vida despierta[6].
  • Hipótesis 2: los sueños construyen un modelo del mundo. J. Allan Hobson propuso en 2009 que la fase REM sea un estado de «protoconsciencia» que ofrece una especie de realidad virtual del mundo, útil para desarrollar y mantener la consciencia de la vigilia[7].
  • Hipótesis 3: los sueños ayudan a ordenar lo aprendido. Un equipo con E. J. Wamsley entrenó a voluntarios en un recorrido virtual y los volvió a examinar cinco horas después, con una siesta entre medias. Quienes tuvieron imágenes de la tarea en sus sueños durante la siesta mejoraron más en la segunda prueba[8]. Es una asociación: no prueba que el sueño haya causado la mejora.

Lo interesante es que las tres ideas parten de los mismos datos, y cada una mira hacia un lado distinto. Saber que todavía no hay una respuesta es, en sí mismo, parte de lo que se ha descubierto.

5. Para comprobarlo tú mismo

  • Deja papel y lápiz junto a la cama. Al despertar, antes de levantarte, anota en una línea lo que recuerdes: una imagen, una voz o solo una emoción. Haz la prueba durante una semana. No pongas alarmas en plena noche para hacerlo: dormir bien importa más que este experimento.
  • Cuenta las mañanas en blanco. Al final, suma los días en que no recordabas nada y piensa qué quiere decir eso, después de lo que viste en el capítulo 3.
  • Pregunta en casa. Si quieren contar, ¿alguien recuerda un sueño de esta semana? ¿Y de hace mucho tiempo? Prueba también a preguntar de otra forma: «¿pasó algo por tu cabeza mientras dormías?». A ver si cambia la respuesta, como pasó en los estudios del capítulo 3.
  • Lee el artículo de 1953. El artículo original de Aserinsky y Kleitman es muy corto y está en inglés (ver [1] abajo). Es la mejor forma de ver de dónde salió todo.

Fuentes consultadas

  1. Eugene Aserinsky y Nathaniel Kleitman, «Regularly occurring periods of eye motility, and concomitant phenomena, during sleep», Science, vol. 118 (1953), pp. 273-274. Consulté la reimpresión (extracto) publicada en J Neuropsychiatry Clin Neurosci 15:4 (2003), disponible en el sitio de la UCLA. https://www.semel.ucla.edu/wp-content/uploads/2026/01/53-aserinsky-kleitman-reprint.pdf (Texto leído: 20 adultos, 10 personas en 14 experimentos, 20 de 27 despertares con sueño detallado, 19 de 23 sin recuerdo, p < 0,01)
  2. NHLBI (Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre, EE. UU.), «How Sleep Works: Stages of Sleep». https://www.nhlbi.nih.gov/health/sleep/stages-of-sleep (Ciclo de 80 a 100 minutos, de cuatro a seis ciclos por noche, más fase REM al final de la noche, «normalmente se sueña en fase REM»; la página no habla de sueños en fase no REM)
  3. Tore A. Nielsen, «A review of mentation in REM and NREM sleep: “Covert” REM sleep as a possible reconciliation of two opposing models», Behavioral and Brain Sciences, vol. 23 (2000), pp. 851-866. https://www.dreamscience.ca/en/documents/publications/_2000_Nielsen_BBS_23_851-866_c-rem.pdf (Introducción, resumen y tabla 1 leídos: 81,9 % en REM y 43,0 % en no REM; 18,4 % antes de 1962 y 50,9 % después; el criterio de Foulkes de 1962)
  4. Francesca Siclari y otros, «The neural correlates of dreaming», Nature Neuroscience, vol. 20, n.º 6 (2017), pp. 872-878. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC5462120/ (Solo se cita lo que dice el resumen: menor actividad de baja frecuencia en regiones posteriores de la corteza en ambas fases)
  5. Francesca Siclari, Giulio Bernardi, Jacinthe Cataldi y Giulio Tononi, «Dreaming in NREM Sleep: A High-Density EEG Study of Slow Waves and Spindles», The Journal of Neuroscience, vol. 38, n.º 43 (2018), pp. 9175-9185. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6199409 (Resumen leído: 14 voluntarios; los 735 despertares en fase no REM y el reparto 33,5 %, 38,6 % y 27,8 % se toman de un extracto del texto, no de una lectura completa)
  6. Antti Revonsuo, «The reinterpretation of dreams: an evolutionary hypothesis of the function of dreaming», Behavioral and Brain Sciences, vol. 23 (2000), pp. 877-901. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11515147/ (Solo el resumen: hipótesis de simulación de amenazas; el contenido de los sueños no es aleatorio)
  7. J. Allan Hobson, «REM sleep and dreaming: towards a theory of protoconsciousness», Nature Reviews Neuroscience, vol. 10 (2009), pp. 803-813. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/19794431/ (Solo el resumen: la fase REM como estado de protoconsciencia)
  8. Erin J. Wamsley y otros, «Dreaming of a learning task is associated with enhanced sleep-dependent memory consolidation», Current Biology, vol. 20 (2010), pp. 850-855. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/20417102/ (Solo el resumen: tarea de navegación virtual, repetición cinco horas después, siesta; asociación entre sueño con la tarea y mejora)

Historial de cambios

  • : primera publicación.
  • : título y encabezados reescritos para que digan de qué trata cada parte; las secciones 3 y 4 se unieron en una y se quitaron comentarios sobre las fuentes del texto principal.