1. Un mismo pez, tres tipos de nombre: el de la calle, el de la etiqueta y el científico
El primer tipo es el nombre popular. Nadie lo decidió: lo fueron usando los pescadores y los vecinos de cada puerto, y por eso cambia de un lugar a otro.
El segundo es el nombre comercial, el que se ve en la etiqueta. En España existe una lista oficial de los nombres comerciales de pescados y de acuicultura que se pueden usar, publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE), el diario oficial del país. La lista responde a una norma europea (Reglamento (UE) 1379/2013), que obliga a cada país a publicar sus denominaciones comerciales aceptadas junto con el nombre científico de cada especie [1]. La resolución de 2019 establecía además que el nombre comercial de la lista era la denominación oficial en todo el país, y que las variantes que reconociera cada comunidad autónoma lo complementaban [1]. Esa resolución quedó sin efecto el 9 de abril de 2026, así que para la lista vigente hay que consultar la posterior; aquí sirve para ver la idea general [1]. Dicho de otro modo: el nombre local no desaparece, pero hay un nombre «de referencia» para vender.
El tercero es el nombre científico, que sigue reglas internacionales y permite identificar una especie con independencia del idioma. De ahí que sirva para saber si dos nombres distintos hablan del mismo pez.
2. El nombre científico se ordenó a partir de 1758
El nombre científico tiene dos palabras: la primera indica el grupo (el género) y la segunda señala la especie, como en Apis mellifera, la abeja de la miel [2]. Este sistema de dos nombres lo popularizó el naturalista sueco Carlos Linneo, y se conoce como nomenclatura binomial.
Linneo publicó muchas ediciones de su obra Systema Naturae. La décima edición, de 1758, es la que se eligió como punto de partida de la nomenclatura zoológica [2]. Aquel año funciona como una «línea de salida»: para los animales, los nombres científicos válidos se cuentan desde ahí. Una fuente sobre Linneo indica que fue una figura clave para ordenar la forma de nombrar y clasificar a los seres vivos, un sistema que sigue en uso, con muchos cambios [3].
Pero atención: un nombre científico también puede cambiar. Si se descubre que dos nombres corresponden al mismo animal, el más antiguo suele quedarse y el otro pasa a ser un sinónimo [2]. Los nombres «oficiales» no son para siempre.
3. En Japón, una sociedad de especialistas fija el nombre estándar de cada pez
En japonés, los peces tienen muchísimos nombres locales, parecidos a los nombres populares de aquí. Para evitar confusiones entre científicos, escuelas y administraciones, los especialistas usan un nombre estándar (hyōjun wamei, «nombre japonés estándar»). Es un nombre único para cada grupo de peces, que sustituye al nombre en latín cuando se escribe en japonés [4].
Quien lo regula es la Sociedad Ictiológica de Japón. En 2020 publicó una guía de normas para ponerlos, y lo curioso es lo que dice al empezar: hasta entonces no había reglas escritas, y proponer un nombre nuevo, resolver duplicados o cambiar un nombre se hacía «por costumbre», lo que complicaba resolver los problemas de forma razonable [4]. Algunas reglas de la guía:
- El nombre estándar se escribe, en principio, con el alfabeto japonés katakana y en una sola palabra, sin espacios [4].
- Un nombre nuevo debe publicarse en un lugar serio, como una revista científica, el boletín de una universidad o un museo o una guía especializada. Las notas de prensa y las páginas web personales no valen [4].
- Debe ir acompañado de una descripción o un dibujo que permita reconocer el grupo, y conviene explicar su significado y origen [4].
- Se recomienda usarlo en ciencia, enseñanza, leyes y administración, pero la guía aclara que eso no limita el uso de nombres populares (dialectos o nombres comerciales) [4].
Es decir, el sistema se parece al de España en algo importante: hay un nombre de referencia y los nombres locales siguen vivos.
4. ¿Se puede cambiar el nombre de un pez? Sí: el caso del pez rana japonés
Los nombres, incluso los oficiales, pueden cambiarse si se descubre que molestan. La sociedad japonesa propuso renombrar los peces cuyo nombre estándar se consideraba discriminatorio; según referencias posteriores, la recomendación final se aprobó en enero de 2007 (no se pudo leer la recomendación original). La lista de propuestas incluye peces como el que se llamaba «mekura unagi» (algo así como «anguila ciega»), que pasó a llamarse «nuta unagi» [5].
El caso más conocido es el de una familia de peces de aspecto extraño que caminan sobre el fondo apoyándose en las aletas. Sus nombres incluían isari, una palabra antigua que, según explicaciones secundarias que no se verificaron en la recomendación original, se aplicaba a personas con dificultades para caminar. La guía de 2020 incluye isari entre las nueve palabras discriminatorias que ya no se admiten en nombres estándar [4]. En la lista se sustituyó isari-uo por kaeru-ankō, algo como «rape rana». La razón que da el documento es que la forma de estos peces recuerda a una rana y que en inglés se llaman frogfish; además se barajó otra opción, pero se prefirió un nombre que no recordara al anterior [5]. La especie que se usa como ejemplo, Antennarius striatus, mantuvo su nombre científico: solo cambió el nombre en japonés [5].
Este caso muestra que un nombre «estándar» es una decisión de personas, y las personas pueden revisarla cuando se dan cuenta de que hace daño. Que el nombre científico no se tocara es también una pista: cada nivel tiene sus propias reglas.
5. ¿De dónde salen los nombres antiguos? A veces nadie lo sabe con seguridad
Con los nombres populares pasa algo curioso: nadie los «decidió», así que su origen suele discutirse. Dos ejemplos japoneses lo muestran. Uno es el tai, un pez marino de color rosado que en Japón se sirve en las celebraciones. Mucha gente cree que se llama así por una palabra parecida a «feliz» (medetai). Una página de divulgación apunta a otra posibilidad: en la antigüedad se le habría llamado «pez plano» (tairauo) por su forma, y de ahí vendría el nombre, aunque su autor lo plantea solo como una suposición [6]. La relación con «feliz» sería posterior y estaría ligada a su fama de pez de buena suerte [6].
El otro es el aji, un pez azul muy popular. Una explicación habitual es que su nombre viene de la palabra para «sabor», porque es muy sabroso [7]. Pero esas páginas no son estudios de lingüística, así que conviene leer estas historias como hipótesis y no como hechos.
Para la pregunta del título, la conclusión es sencilla: los nombres populares nacen del uso y de las explicaciones que la gente les da; los comerciales y los estándares los fijan instituciones; y los científicos siguen reglas con fecha de salida.
6. Prueba: ¿cómo llaman a tu pescado favorito en la pescadería y cuál es su nombre científico?
Elige un pescado que conozcas y pregunta en la pescadería cómo lo llaman allí, y si en otra región tiene otro nombre. Después busca su nombre científico (la lista del BOE junta nombre comercial y nombre científico en una tabla) y comprueba si dos nombres distintos terminan en el mismo animal. Si quieres otro ejemplo de nombres que cambian, lee por qué un mismo pez recibe nombres distintos según su tamaño.