1. Un formato de imagen que todos usaban y que resultó tener dueño
El GIF es un formato de imagen que CompuServe creó en 1987, un servicio estadounidense de comunicación en línea de aquella época. Permite guardar dibujos en archivos pequeños y, con el tiempo, también imágenes animadas. Para reducir el tamaño de los archivos usaba un método de compresión llamado LZW. [2]
El detalle es que LZW tenía una patente. Terry Welch, de la empresa Sperry (que después se fusionó para formar Unisys), desarrolló el método en 1983 y la patente se concedió en diciembre de 1985, antes de que existiera el GIF. [2]
El 29 de diciembre de 1994, CompuServe anunció un acuerdo con Unisys que ofrecía a quienes programaran software para leer o escribir GIF una licencia para usar LZW (el texto que leí es un comunicado del 4 de enero de 1995). El comunicado asegura que quienes solo veían o enviaban imágenes GIF no pagarían nada, y que CompuServe seguiría manteniendo abierta la especificación del formato. [1]
Para muchos programadores fue una sorpresa desagradable: algo que parecía de todos tenía dueño. Un grupo se puso a diseñar un formato nuevo sin patentes. Así nació PNG. Su primer borrador se publicó a comienzos de 1995 y, en octubre de 1996, el consorcio W3C (la organización que fija los estándares de la web) lo aprobó. [2] La especificación de PNG se describe a sí misma como un reemplazo del GIF libre de patentes, y desde 2003 también es norma internacional ISO/IEC 15948. [3]
Una aclaración: el GIF no era un estándar oficial, sino un formato que se hizo popular. Aun así, el problema es el mismo que aparece cuando un estándar de verdad incluye una invención patentada. Para entenderlo, primero hay que ver por qué chocan las patentes y los estándares.
2. Por qué una patente y un estándar pueden chocar
Una patente es un derecho que se da a quien inventa algo nuevo: durante un tiempo limitado puede impedir que otros usen esa invención sin su permiso. A cambio, la idea tiene que explicarse públicamente. Como regla general, una patente dura unos 20 años desde que se solicita (los detalles cambian de un país a otro).
Un estándar es lo contrario en espíritu: un acuerdo abierto para que cosas hechas por empresas distintas funcionen entre sí, como el tamaño de un tornillo o el Wi-Fi que une tu teléfono con cualquier router.
El choque aparece cuando la tecnología patentada de alguien pasa a ser necesaria para cumplir el estándar. A estas patentes se las llama patentes esenciales para un estándar (en inglés, standard essential patents o SEP). Una patente corriente suele poder esquivarse con otro diseño; una esencial no, porque quien quiera fabricar algo que cumpla el estándar tiene que usar esa invención. [7]
Para quien tiene la patente, entrar en un estándar puede significar que su idea se use en millones de aparatos. Para quien fabrica, puede significar un pago que no se puede evitar. Es el mismo hecho visto desde dos lados, y por eso las organizaciones que crean estándares tienen reglas para tratarlo.
3. Cómo piden las organizaciones de estándares que se resuelva el problema
Cada organización tiene su propia respuesta. Estas cuatro muestran lo distintas que pueden ser.
Internet (IETF): avisar de lo que se sabe
La IETF, que desarrolla estándares técnicos para internet, tiene una política de propiedad intelectual pensada para que quienes participan tengan la mayor información posible, lo antes posible, sobre las restricciones de patentes que afecten a una propuesta técnica. [4]
Normas internacionales (ISO, IEC e ITU): declarar qué licencias se ofrecen
Su política común pide a quien participa que avise de las patentes que conozca. Después, quien tiene la patente puede, por ejemplo, declararse dispuesto a negociar licencias gratis o con condiciones razonables y sin discriminación. Las negociaciones se hacen entre las partes, fuera de estas organizaciones. [5]
Telecomunicaciones (ETSI): una promesa de condiciones FRAND
La ETSI, el organismo europeo de estándares de telecomunicaciones, se basa en el principio FRAND: licencias en condiciones fair, reasonable and non-discriminatory, es decir, justas, razonables y no discriminatorias. Sus miembros se comprometen a declarar sus patentes esenciales en una base de datos pública. La propia ETSI aclara que las condiciones concretas y las negociaciones son un asunto comercial entre las empresas y no se tratan dentro de la organización. [7]
La web (W3C): el objetivo es que sea gratis
La política de patentes del W3C, de febrero de 2004, tiene como meta que las recomendaciones se puedan implementar sin pagar derechos (royalty-free). [6]
Ninguna de estas organizaciones fija la cifra del pago. Esa discusión queda entre quien tiene la patente y quien quiere usarla. En el artículo sobre el código QR hay otro caso: la empresa dueña de las patentes prometió no hacer valer esos derechos para los códigos que sigan la norma.
4. El Wi-Fi: una patente que nació de saber mucho de ondas de radio
Ahora un ejemplo real. CSIRO es el organismo público de investigación científica de Australia. En los años noventa, un equipo de su división de radiofísica trabajaba en un problema de las redes inalámbricas dentro de edificios: las ondas rebotan en paredes y muebles, producen ecos y deforman la señal, lo que dificultaba las conexiones rápidas. [8]
Según CSIRO, el equipo resolvió el problema con una matemática llamada transformada rápida de Fourier y con lo que sabía sobre ondas de radio gracias a la radioastronomía y la ingeniería. Esa invención fue patentada y, según la propia institución, sentó las bases técnicas de lo que después sería el Wi-Fi moderno. [8]
Tiempo después CSIRO llegó a acuerdos de licencia con compañías tecnológicas. En 2012, un acuerdo que ponía fin a una disputa legal le aseguró más de 220 millones de dólares (la noticia no indica la moneda; probablemente son australianos). Según la noticia de la cadena pública australiana ABC, CSIRO tenía ya licencias con 23 empresas y, con ese pago, sus ingresos totales por la tecnología rondaban los 430 millones. Las patentes vencían en 2013. [9]
Conviene no exagerar: el Wi-Fi reúne las ideas de mucha gente, y esta patente es una pieza entre varias. Lo que muestra el caso es lo que pasa cuando una invención entra en un estándar muy usado.
5. Qué hacer cuando hay cientos de patentes y quedan preguntas sin respuesta
Hay estándares con tantas patentes de tantos dueños que fabricar algo obligaría a pedir permiso uno por uno, y a veces ni siquiera se sabe quién es el dueño. Una solución es el pool de patentes: los dueños juntan sus patentes en un paquete y una sola entidad se encarga de dar licencias para todas a la vez.
Un caso temprano es el del MPEG-2, un estándar de compresión de vídeo usado en DVD y televisión digital. En junio de 1997, el Departamento de Justicia de Estados Unidos aprobó la propuesta de un grupo de empresas y una universidad (Columbia) para licenciar sus patentes esenciales juntas mediante una entidad llamada MPEG LA. Con ello, quien fabricaba productos con MPEG-2 podía obtener una sola licencia para la mayoría de las patentes que necesitaba. [10]
Aun así, hay preguntas abiertas. ¿Cuánto es una cantidad «razonable»? ¿Cuánto del valor de una patente se debe a la invención misma y cuánto a que entró en un estándar que usa todo el mundo? Las organizaciones de estándares no responden: lo hacen la negociación entre empresas, los tribunales y, cada vez más, guías públicas de los gobiernos. Es un tema que todavía se está discutiendo.
Cómo comprobar tú mismo cuándo vence una patente y qué promete cada estándar
Pídele a un adulto que te ayude a buscar en Google Patents el número «US4558302», la patente del método LZW. Verás que figura como caducada. Calcula cuántos años pasaron desde que se solicitó hasta que venció y compáralos con el dato de 20 años.
También puedes elegir una tecnología que uses (el Bluetooth, un formato de imagen o el cargador de tu teléfono) y buscar su nombre junto a «patent policy». Así podrás averiguar qué política de patentes tiene la organización responsable de esa tecnología. Una pregunta para pensar: si una patente se vuelve más valiosa porque entra en un estándar, ¿de quién es ese valor extra?